08 septiembre 2008

Nuestra cruz de cada día

Hace tiempo oí una historia similar a ésta que he encontrado en Internet en formato visual y que espero os sirva de ayuda o al menos os haga qué pensar. En unas cuantas pantallas resume esa búsqueda permanente del hombre por la felicidad apoyada en las cosas terrenales, cuando la felicidad verdadera no nos la va a proporcionar ni la salud, ni el dinero, ni los bienes terrenales.

La felicidad la debemos encontrarla en nuestro interior pero la buscamos fuera. En muchas ocasiones basta con pedirle una ayudita al Señor o a la Virgen María para que nos haga ver que cada uno hemos nacido con una cruz, más pequeña unas veces, más grande otras, con los cantos afilados o con los cantos redondeados, pero cruz al fin y al cabo.

Hemos de aprender a convivir con nuestra cruz de cada día, y diría más, llevarla incluso con alegría. Éste es el único camino para alcanzar la felicidad en este mundo y... si perseveramos: tendremos, además, el premio de la vida eterna.


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