29 octubre 2010

Ante la falta de argumentos...la callada por respuesta

La vida está llena de anécdotas, algunas de las cuales se convierten en públicas mientras que, otras en cambio, permanecen en el anonimato simplemente porque con ellas no se pretende engrandecerse, ni hacerse famoso, ni obtener un reconocimiento público, aunque no por ello dejan de ser dignas de mención.

Tal es el caso de la anécdota protagonizada por mi amigo Aurelio Díaz-Capmany el pasado jueves 23 de octubre, quien, mientras una multitud de asistentes nos congregábamos en las inmediaciones del Hotel Meliá de Sevilla, lugar -como sabéis-, en el que se estaba celebrando el "Congreso de asesinos de niños no nacidos", se adentró de manera encomiable y valiente en el interior del Hotel para reprochar su actuación personalmente a los congresistas y tuvo la oportunidad de hablar con uno de los empresarios matarifes que iba identificado con su tarjeta en la que figuraba su nombre y procedencia (Méjico). Ahí viene precisamente la anécdota que da título a este post y que, para ser fiel a la verdad, os reproduzco literalmente. Ésta es la conversación que mantuvo Aurelio con el congresista:
  • ¿Está usted en el Congreso?
  • Sí...
  • ¡Vaya!, una vergüenza...
  • ¿El qué?
  • ¡¡Que se celebre un congreso así...!! —Continuó ante la expresión de asombro del individuo—. Miré, estos son los pies de un feto de diez semanas —señaló el pin de Provida que tenía sobre su camisa—, son los piececitos a tamaño natural de un feto de esa pequeña edad, algo más de medio centímetro. Parece mentira que digan ustedes que esto no es un ser humano... Si su madre hubiera abortado, usted no estaría aquí...
  • Y si su madre hubiera abortado usted tampoco.... —le respondió cogido por sorpresa—.
  • Efectivamente, pero no lo hizo, por eso me encuentro aquí... ella sabía lo que tenía que hacer...
  • Mi madre tampoco abortó.... —le contestó—
  • Le repito que por eso está usted aquí, porque su madre no abortó... si hubiera abortado no hubiera nacido. Además... ¿por qué hablan de catorce semanas? ¿Por qué no quince? ¿Qué diferencia hay entre un feto de trece, catorce o quince semanas? ¿Por qué poner el límite en catorce? ¿Es que a partir de quince se convierte en ser humano y antes no lo era...?
  • ¿Y por qué no ocho meses? —le respondió el congresista—
  • ¡¡Eso digo yo!! ¿Por qué no ocho meses? Pongamos barra libre... ¿Por qué no cuando hayamos nacido?... A ustedes les da igual porque no consideran esa vida, la eliminan, la quitan de en medio...
Con cara de asombro y bloqueado se quedó enmudecido y sin palabras. Su expresión fue de sorpresa. Allí incluso, en un terreno en el que se encontraba resguardado, acogido y arropado por otros miembros del congreso de varios países, se había visto atacado por unas simples palabras, por un sencillo argumento, sintió cómo alguien respondía y reprochaba su contribución a la barbarie y solo supo decir:
  • Me voy... —y dándose la vuelta se marchó...—
Estos son los argumentos de los abortistas, matarifes, asesinos y defensores del dinero a ultranza a costa de lo que sea y de quien sea: "Me voy". Simplemente no tienen respuesta ni argumento alguno frente a un acto tan abominable como el del aborto...

Mientras tanto, desde el hall del hotel se podía ver a través de una enorme cristalera, cómo las personas concentradas a favor de la vida, situadas tras una cinta colocada por la policía acordonando las inmediaciones del hotel, gritaban y agitaban sus banderas en defensa de la vida.

Dentro aún del hotel, pudo coger algún cartel de información de alguna empresa farmacéutica de las que colaboraba o financiaba el congreso que, encima de una mesa, tenían preparados para colgar en algún tablón de anuncios el domingo 24. Todo lo que pudiera destruir de ese congreso era poco... Ellos destruyen vidas humanas, seres únicos e irrepetibles que no pueden defenderse..., por tanto esa era su obligación —pensó—. No obstante y según me cuenta, lo hizo con cuidado, asegurándose que no hubiera cámaras de vigilancia, para evitar aparecer al día siguiente en prensa bajo algún titular del tipo: "Detenido por lesionar la libertad de expresión".

Por último, subió a la planta octava del hotel e hizo la siguiente foto desde el móvil como testimonio de su presencia allí, donde se puede apreciar, a pesar de que los árboles ocultaban a muchos de los asistentes, que la cifra de asistentes a la concentración fue muy elevada, tras la cual bajó y salió del hotel.


Pero no termina aquí la anécdota, por paradojas de la vida y por no haberse colocado encima una de las camisetas rojas de "Derecho a vivir" justo antes de salir por la puerta del hotel, fue injustamente silbado y abucheado por los que se agolpaban frente al hotel, en lugar de haber sido aplaudido, aplausos que sí recibió con posterioridad tras explicarse y contarles lo sucedido a los que se encontraban en la primera fila.

Querido amigo Aurelio, desde estas humildes líneas mi más sincera felicitación por tu valentía y gallardía en un acto como éste en defensa de la vida humana. Ojalá esta anécdota sirva de ejemplo a muchos de nosotros...


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