27 octubre 2008

Crítica a la película: "High School Musical 3: fin de curso"

En esta tercera entrega, los protagonistas ya están en el último curso del insituto dispuestos a vivirlo al máximo antes de ir a la universidad. Troy y Gabriella temen separarse y no quieren perder el tiempo llenos de esperanzas y miedos sobre lo que les deparará el futuro.

El director Kenny Ortega (y la factoría Disney) han descubierto una máquina de hacer dinero con estos musicales de argumentos muy simples (que tocan de manera convencional temas como la amistad, el primer amor, las rivalidades propias de la adolescencia etc.) pero que cuentan con una excelente coreografía.

Mantiene los elementos básicos de la serie: un argumento blanco para toda la familia, canciones y números musicales elaborados, y amor, mucho amor. De hecho, hay tanto amor, que a la saga High School se le puede tachar de ser demasiado cursi, blandita, estupenda, ideal y super-super güay.

Aunque, en cierta manera, recupera el estilo de los grandes musicales clásicos como los de Fred Astaire y Ginger Rogers -salvando las distancias, por supuesto-, si lo concebimos como puro entretenimiento y modo de evasión.

El mensaje es optimista y positivo: hay que luchar por lo que uno quiere, hay que seguir la vocación, donde la música y el baile fluyen con la misma facilidad que los clásicos de antaño.

En definitiva, un film en el que los niños y adolescentes que quieran disfrutar de un buen musical con un argumento sin ningún tipo de pretensiones, aunque los que verdaderamente disfrutarán serán los adolescentes, porque a los niños no les va a dar tiempo a leer los subtítulos de las letras de las canciones que les permita seguir el argumento de la película.
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