10 marzo 2009

Cuando acordemos puede ser demasiado tarde

La vida diaria, nuestros quehaceres, nuestras obligaciones, el trabajo, las prisas, la falta de tiempo, la gente, los jefes, la crisis, los problemas,... Son tantos los temas que podría haber continuado escribiendo que no merece la pena seguir enumerando cuestiones que nos inquietan continuamente y que, en ocasiones, o mejor, en muchas ocasiones, trastocan nuestra escala de valores y situan en primer lugar lo que debería estar en la última posición.

Estoy convencido de que hoy día un gran porcentaje de la sociedad tiene estructurada su escala de valores con las siguientes prioridades:
1º El dinero
2º El trabajo
3º La familia
4º ...
5º Dios
Ello significa que estaremos trabajando para ganar dinero, para tener más, para gastar más, para poder darnos una mejor vida, a costa de descuidar a la familia, a nuestros hijos y a nuestros cónyuges, hasta llegar a extremos (creo que todos conocemos algún caso), de llegar a focalizar a la familia como la carga principal de nuestros problemas y de nuestras desgracias, buscando fuera de ella lo que ansiamos encontrar, sin darnos cuenta de que esa alegría y esa paz que buscamos la tenemos justo delante de nuestros ojos, aunque factores como los que empecé enumerando al principio, nos la impiden ver.

Al perder como referencia a Dios en nuestras vidas, poco a poco nos vamos dejando llevar por la codicia, por la vanagloria, por la soberbia, por la ira, por la falta de lealtad y de fidelidad, por la corrupción y... no sigo describiendo más acciones de las que podríamos llegar a ser los protagonistas porque también sería interminable.

Decía un santo contemporáneo algo que "cuando yo era más joven" no llegaba a entender del todo pero que, con el transcurrir de los años veo cada vez más claro: "El ser humano es capaz de los mayores errores y horrores..." Cuanta razón tenía.

Todavía estamos a tiempo de rectificar y precisamente la Cuaresma es un tiempo ideal para reflexionar, meditar y, en definitiva, encontrar un hueco para detenernos y hablar con Dios. Buscar esa paz y ese sosiego que nos aporta el silencio de un templo o la capilla de nuestro barrio para hacer un ratito de oración y, si fuera necesario, replantear nuestra vida.

Muchas son las personas que aprovechan esta época del tiempo litúrgico para hacer algún Curso de Retiro Espiritual que suelen organizar muchas instituciones de la Iglesia, de las que os puedo asegurar por experiencia propia, sales totalmente en paz y renovado para enfrentarte de nuevo con la cruda realidad y luchar por lo que realmente te interesa.

Si todos los hombre hiciéramos una reflexión profunda, ahondando en nuestra vida y en todo lo que nos rodea, llegaríamos a muchas conclusiones que transformarían de forma radical nuestra vida y nuestra actitud ante la vida, y seguro que, entre éstas estableceríamos una escada de valores como ésta:
1º Dios
2º La familia
3º El trabajo
4º Todo lo demás...
Ciertamente, en muchos casos ésto puede llegar a ser complicado, en algunos, incluso será algo heróico, pero, no nos desanimemos y recomencemos una y otra vez, antes de que sea demasiado tarde y perdamos para siempre esos momentos de nuestra vida que ya no volverán.

Os dejo con este video que espero os haga reflexionar un poco sobre este tema.


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