16 julio 2010

El terrible error de un padre

En la prensa de ayer apareció una noticia importante, y aunque breve y algo escondida, no por ello deja de ser importante. Se tituló "Está en coma pero parpadea para que no le desconecten".

Narra la historia de Richard Rudd, un paciente británico de 43 años totalmente paralizado y en coma tras sufrir un accidente de moto, que salvó su vida gracias a un parpadeo.

Ante la terrible situación que vivieron Richard y su familia, el padre de éste dió permiso a los médicos para que apagaran la máquina que le mantenía con vida, como si alguno de nosotros tuviera la postestad de decidir acerca de la vida de los demás, por muy hijo suyo que fuera.

La noticia es precisamente el intento de sobrevivir de Richard ante tan terrible decisión, que a duras penas consiguió parpadear, aunque hasta entonces no había respondido a ninguna clase de estímulo, acción que fue detectada por los doctores, quienes al comprobar que el paciente quería comunicarse de modo gesticular le preguntaron si quería seguir viviendo y, hasta tres veces que le preguntaron, tres veces que Richard asintió con parpadeos.

Ya han pasado 9 meses desde que el padre consintiera la práctica de la eutanasia con su hijo. Hoy Richard es asistido por máquinas de baja dependencia, es capaz de sonreír, mover su cabeza y se le está enseñando a comunicarse con sus ojos, lengua y gestos musculares. Posiblemente necesitará cuidados las 24 horas del día por el resto de su vida, pero por lo menos es capaz de interactuar con sus padres y sus hijas Charlotte, de 18 años y Bethan, de 14.

Ante este hecho, el padre ha afirmado a los productores de la cadena británica de TV: "Estoy muy contento de que haya podido sobrevivir y decidir sobre su vida. Decidir uno mismo sobre la vida de un hijo es casi imposible".

Ésto nos debe hacer pensar cómo el ser humano lucha por la supervivencia, incluso desde el seno materno y demuestra que nadie, repito, nadie, está facultado para sesgar la vida de otro, por mucho que lo quiera o por mucho que lo vea sufrir, o por grande que sea la carga que pueda suponer. Mientras haya vida, hay esperanza. El caso de Richard no es único, son muchos los enfermos que, tras una larga enferdad o coma han salido de ella y apuestan por la vida.
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